Si nos basamos en el principio de pensar que cada cual da según lo que tiene, si nos ponemos en su lugar, es más fácil entender al otro. Lo ideal es verlo con ojos de Dios; imagina cómo lo vería Dios, qué pensaría Dios de ese acto de bondad que piensas tener con esa persona, o que han tenido contigo, cómo actuaría Jesús en mi lugar.
Al hacernos esas preguntas, salimos de nosotros mismos, del mundo terrenal donde todo se juzga, se califica, se compara, se critica, salimos del ego, de la vanidad y entramos en el mundo de la espiritualidad y del Amor. Nos ponemos los lentes del Amor y vemos al otro como un ser lleno de muchas cualidades hermosas que hace lo mejor que puede con lo que tiene.
Se dejan a un lado los juicios y entran la compasión, comprensión, entendimiento, apreciación y cambia completamente como ves al otro.
Haz la prueba y verás cómo toda perspectiva cambia, todo acto de bondad se agranda y se aprecia más. Pues estás viendo todo como lo vería Jesús, mirarías con corazón puro. Te darías cuenta que cada cual da lo que puede con lo que tiene.
Que para ti sea mucho o poco no es relevante, pues esa persona da desde sí mismo. Lo que para ti es poco, para él puede ser mucho, lo que para ti es mucho para él puede ser poco. Lo importante no es lo grande o pequeño del acto, sino cómo lo recibes tú.